De entrada es una Luna mutable, inestable, dinámica, cambiante y rápida en las emociones. Puede pasar de la risa al llanto y de la euforia al drama en poco tiempo. Y eso le da una capacidad adaptativa, para mi, admirable. Si la tienes en tu carta natal fíjate como, al ser una Luna de aire (como Libra y Acuario) las emociones se convierten en estados mentales. Y cuando entiendes de forma racional lo que te pasa, la ansiedad se calma.

Entonces te invito a preguntarte ¿qué pasa cuando no puedes etiquetar una emoción? A veces lo que sientes es una mezcla de varias emociones a la vez: tristeza+melancolía+soledad… ¡qué más da! Lo importante es que lo sientes y eso es una realidad. Al querer etiquetar ese estado de ánimo lo que haces es distanciarte de la emoción y así impedir que aflore su verdadero origen. Ver no es resolver, y aunque tu Luna busque seguridad en los conocimientos, gran parte del aprendizaje pasará por bajar al cuerpo y simplemente dejar que la emoción aflore.

Uno de los recursos que utiliza este arquetipo lunar es la burla. Bromear acerca de lo sucedido y tratar de quitarle hierro al asunto consiguen calmar una mente preocupada por saber y conocer.

Géminis es muy bueno conectando ideas y estando a mil cosas a la vez, pero esta virtud también se convierte en su máximo enemigo cuando la dispersión es utilizada para distraer la atención y no centrarte en lo que realmente sientes. Leer un libro tras otro, probar mil terapias o apuntarte a tres cursos en un año pueden ser, en realidad, un mecanismo de defensa que utiliza tu mente.

Si tienes la Luna en Géminis natal (como Barack Obama) o por Revolución Solar este año, asegúrate de que expresas tus emociones, escribe, lee, habla, comparte con tus hermanos y cuida con esmero lo que te dices a ti misma.

Las palabras no alcanzan cuando lo que hay que decir desborda el alma”. Julio Cortázar