Luna de fuego y cardinal, es pura energía, frescura y visceralidad. Tiene fuerza para ser ella misma allí dónde esté por eso se le da bien llevar la iniciativa y liderar sus emociones pero, mal entendida, también puede ser de ‘mecha corta’ ya me entiendes… ¿Quieres saber lo que la enciende?

1. No le digas lo que tiene que hacer. Aries no ha venido a obedecer a nadie más que a sí misma. Y a veces ni eso. Así que lo mejor es que dejes que vaya a la suya y que experimente a través de su propia experiencia.

2. No le pidas que se contenga. Y con ésto no digo que no pueda ser educada. Me refiero que una de sus mayores virtudes es la espontaneidad así que, si se la inhibes, no solo te perderás gran parte de su esencia sino que además despertarás a la bestia que lleva dentro.

3. No la ates. Su seguridad radica en sentirse libre e independiente (como Sagi y Acuario). No la ligues a un compromiso a largo plazo, no podrá mantenerlo. Disfruta con ella de la inmediatez del momento, del aquí y el ahora.

4. No le pidas serenidad. Que te confronte y te “pique” es su forma de decirte que está tan a gusto contigo que se permite sacar a pasear su patrón básico, la rabia, pero en su versión más soft. Entra en su juego, compite con ella y rétala tú más.

5. No le pidas que pare. Tampoco a Sagi y, en realidad, a ninguna de las lunas en fuego, son tremendamente inquietas. Así que será misión imposible que esté una tarde entera en el sofá o que se siente a meditar en plan flor de loto. ¿Estamos locos? ¡Aries is in da haus!