De entrada, quiero que ahora mismo cojas tus imperativos más potentes y los tires a la basura. Las normas y obligaciones no son reglas universales. Son realidades de otros que tú has adaptado como propias para sentirte más segura. Las obligaciones morales se siguen desde el miedo y la culpa (patrones lunares) y no desde la fuerza y la individualidad (bases solares).

Con esto no me refiero, evidentemente, a que salgas y hagas lo que te de la gana como una niña pequeña descarada, ya que eso también sería seguir un esquema infantil (lunar). Lo que te sugiero es que revises tus normas universales y entiendas porqué unas te resuenan más que otras. Fíjate sobretodo en esas que harían que te sintieras mal si te las saltaras: no me acuesto en las primeras citas, tengo que cuidar de mi madre, debo honrar a mi padre, tengo que trabajar duro, sola no puedo, queda mal hablar de dinero, etc.

Cualquier creencia o conducta normativa se arraiga a ti desde tu miedo. Se asienta en tu debilidad y te hace creer que si la agarras fuerte estarás más segura. Lo que hace es cortar las alas de tu creatividad y, por tanto, alejarte de tu libertad personal y de tu capacidad de tomar decisiones por ti misma. ¿Te suena eso de no saber qué hacer ante una crisis personal? El ‘no se qué hacer’ es consecuencia directa del ‘no se quién soy’ o ‘no me permito ser quien soy’. No saber qué hacer implica no intuir, no escuchar la voz interna y tener demasiados frentes morales abiertos como para poder escoger uno sin culpabilidad.

Cuanto más autoconocimiento más libertad, creatividad, seguridad y dirección.

Te invito a que hagas una lista de tus normas vitales más destacadas. Revisa qué te aportan y qué te quitan. Y mira si van acordes con el tipo de mujer que desearías ser. Las posibilidades se expanden sin cesar, tú decides si les cortas las alas o les abres las puertas. Ante la duda, conócete. Escucha cuál de las opciones tiene más que ver contigo. Acalla las voces externas puesto que hablan de sus cartas, no de la tuya. Y una vez lo veas claro, date la más calurosa y amable de las bienvenidas. Ahora sí estás donde mereces estar. ¡Feliz vida!