Decir adiós es una constante en la vida de todos. Nos pasamos el tiempo despidiéndonos de personas, empleos, lugares y sobretodo etapas. Pero, si lo hacemos tan a menudo…¿por qué nos sigue costando tanto la gestión del final?

El adiós siempre implica una pérdida y, por tanto, una situación de incógnita ante lo nuevo. Los signos de agua, más sensibles y apegados que el resto, pueden vivir ésta incertidumbre con alerta máxima porque aparece la posibilidad de un nuevo peligro potencial. Si has detectado que tu tienes un “tema” con las despedidas es posible que en tu carta haya una dominante de agua.

Si creas relaciones desde la fusión con el otro, el apego es indestructible y soltar toda esa carga de intensidad no es tarea fácil. Un duelo para una carta con dominante de agua puede ser más largo, intenso y desgarrador que para otras personas. No se trata de pasar página ni superar nada (“superar” es un verbo que me da mucha rabia). Se trata de encontrarle sentido a lo sucedido, darte cuenta de hacia dónde te ha llevado esa situación y ver la persona en la que te ha convertido.

Entender que nada es para siempre es una de las afirmaciones a tener presente en los inicios. Y no te estoy diciendo que bajes la intensidad de tus relaciones o que te entregues a mitad de batería.

Entender que habrá un final a lo que sea que tengas ahora en mente le dará mucho más sentido a cada momento de su existencia. Te conectará con el presente y eso, en realidad, incrementará la intensidad de lo que estés viviendo. Y con ello, la confianza en el orden natural de las cosas. Todo acaba cuando termina la función evolutiva que tenía para ti.

Soltar es crecer, avanzar hacia la nueva etapa que se presenta y donde lo anterior no tiene ya más sentido para ti. Si la vida te coloca en otro lugar no te preguntes por qué sino para qué.

Aprende a abandonar y no podrás sentirte abandonado