No soy madre todavía pero si algo tengo claro es que, cuando lo sea, quiero estar dispuesta a hacer lo más importante por mi hijo: dejarle ser él mismo. 

Si eres mamá o piensas serlo algún día, fíjate en tu Luna natal. A través de ella verás lo que necesitabas hacer para llamar la atención de tu madre y lo que, ya de adulta, haces para conseguir sentirte querida. Y eso, como ya estarás deduciendo, no siempre coincide con lo que tu hijo necesita de ti para sentirse sostenido.

Pongamos un ejemplo. Yo tengo la Luna en Géminis (mutable y de aire) así que para mi las emociones son estados mentales. Por tanto, cuando las cosas no van bien lo que necesito para calmarme es racionalizar, entender, hablar, leer e incluso restarle importancia al asunto. Y resulta que mi hijo tiene la Luna en Escorpio (fija y de agua) bastante más lenta e intensa procesando las emociones. Lo normal es que yo, en mi voluntad de ayudar le anime a hablar, le distraiga o le cuente un cuento de Jorge Bucay. Es decir, una proyección lunar de manual. En realidad lo que él necesita es que le deje a solas, que respete sus tiempos y que le permita llorar y dramatizar sin juzgarle.

Mi Luna necesita soltar en compañía, la suya necesita indagar en soledad. La mía querrá comprender, la suya necesitará sentir. ¿Ves la diferencia? Por eso, cuanto más conozca la Luna de mi hijo, mejor le podré acompañar en sus procesos, no tanto sabiendo lo que le pasa sino entendiendo qué necesita de mi en ese momento.

Espero que te haya servido la explicación y vayas viendo que la astro no sirve tanto para predecir sino para comprender el funcionamiento de la psique.

 

«No condiciones a tu hijo para seguir el camino que deseas para él: acompáñalo para que descubra por sí mismo su propia senda»  Hermann Hesse